sábado, 9 de noviembre de 2013

Sol radiante toda la semana y María está pletórica. Esta tarde llegan en un vuelo de Milán a Roma sus hijos y su marido. Ha sido una larga semana que le sirvió para hacer muchas cosas. Arreglar armarios y limpiar despensas. Hacer algunos recados que le encomendó Esteban tan encarecidamente, con esa coletilla tan habitual en él de: -Cuidado con tus despistes-. Durante una semana dejó de seguir estrictamente el reloj de una vida cotidiana organizada alrededor de ellos: horarios de coles, visitas al especialista, hablar con tutores, recogerle a él. Ordenó sus discos, fue a la peluquería, se acercó a ver una exposición que estaba a punto de cerrar y aprovechó algunos días para comer con la hermana de Esteban. Hoy camino al aeropuerto se siente expectante. Conduce prestando mucha atención a la carretera mientras escucha un CD de Dulce Pontes. El espléndido sol brilla allá arriba y aquí abajo a ella se la ve más atractiva que nunca, con ese brillo que da el amor que le trae esas ganas enormes de abrazarles. Así de simple y hermosa es una vida buena.

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